«Sintigo y sin mí»

Mira, yo lo sé, aunque tú lo sabes mejor que yo -pero por alguna razón yo estoy más seguro que tú-, que ésta será la última vez que te vea.
Estamos ahí: los dos juntos (pero tú más bien en otro lado); tu mente divagando, mirando el reloj, revisando tu celular…¡Sabrá el diablo qué cosas lees! Tu espalda perfecta, tu cuerpo desnudo sobre la cama, y yo cuento tus vértebras mientras de pie te contemplo desde el espejo de aquella habitación sin número.
Intento acercarme… yo cierro los ojos para evitar ver el ridículo que hago mirándote todavía enamorad. ¡Já! Sí, enamorado, perdidamente enamorado. Pero me resisto a ese impulso; qué más da, esto es solo un sueño.

Mira, yo sé que los dos sabemos que en breve despertaremos. Quizá en 22 días más, encontrarás la excusa perfecta para hacerte la desentendida y olvidarás una cita. Fingirás que olvidaste la hora o sufrirás un ataque desmemoriado, pero tu engañosa mente dirá que sí estuviste ahí a la hora acordada, aunque yo haya llegado con veinte minutos de anticipación y jamás te vi.
Pero es un sueño, no debo olvidarlo.
Me miro, nos miro abrazándonos desesperadamente, como si aquello tuviese una prisa inusitada por terminar con el año… Es 30 de diciembre. «¿Qué, la gente no tiene otra cosa que hacer?», te escucho decir divertida, como si aquello fuera un chiste genial que nos incluye. Tu voz rebotando en la pared, como en una gruta milenaria, vacía, o llena de ausencia, porque estás, pero tu mente anda en otro lado, tu corazón… la verdad no sabría decirlo. Quizá siempre me engañé y nunca estuviste en realidad conmigo.

Me miro sentándome a tu lado. Tú recostada en la cama, envuelta en una sábana blanquísima, que los dos nos ocupamos de revolver…Te canto una canción que te escribí cuando nos conocimos; te digo que es mi canción más bonita, y tú lloras porque dices que nadie te ha cantado antes…Te beso. Nos miro en la penumbra: tú clavándome las uñas o los dientes, lo que esté a la mano; yo te pido que me tatúes el alma, pero tú solo logras alcanzar mi piel y no llegas más adentro.

Yo anhelo vivir una vida contigo, veo mis ojos ilusionado y me doy pena. Te hablo un poco de aquella playa en que sueño abrazarte por una noche mientras el mar nos arrulla. Te cuento de mis ganas de vivir una vida común contigo…Es un sueño; río porque me veo tan iluso. Tú me das muchos “” que no piensas, que sabes que no son reales porque creo que desde el principio me viste dormido y te metiste en mi sueño para saber qué se sentía meter los pies en el agua tibia de esta historia en la que yo vivía sin ti, pero feliz hasta entonces..
Me veo tomándote  fotografías con dos viejos libros bajo el brazo, bajando la escalera de una habitación mientras me sonríes… Nos sacamos varias fotos abrazados, porque queríamos convencer al sueño de que todo aquello es realidad, pero no lo era.
Hay una canción de fondo sobre la cama y entonces veo nacer el beso más dulce, más tierno, más sincero y profundo que jamás di en muchos años…Yo quiero aprisionar ese instante, me veo comparándolo con el primero, pero no tiene comparación, y tú lo sabes: te olvidaste de ése o lo cambiaste por muchos otros…tal vez.
Mira, estamos en tu auto riéndonos y cuando te quedas seria, me dices que tienes una vida complicada… Tengo tu voz grabada nítidamente en mi memoria; tu voz grave e imperativa a veces, y tu rostro en el corazón; tus labios secos, partidos por el estrés… «Padezco bruxismo», me dices para que yo entienda que debes ir con el dentista. No era solo eso, creo que los…no sé cuántos comprimidos de ketorolaco al día, hicieron que aquel «Yo jamás lastimaría algo tan hermoso como tu corazón», se te convirtiera en una colitis insoportable, al punto de la mentira que casi te mata antes de irte de mi lado.
No sé por qué lloras. Te veo llorar, pero no entiendo la causa. Es un sueño, aquí puede pasar cualquier cosa: cambiar de lugar y regresar al mismo en dos escenas. Aquí pueden mezclarse las conversaciones y se pueden prometer las cosas más inverosímiles.

Con una aparente sinceridad inaudita e inexorablemente, te  escucho decirme a mí – el que está frente a ti, mientras yo guardo silencio-: «Te amo». Y me observo creyéndolo, porque me ha parecido que es la única vez que alguien lo dice desde lo más profundo de su corazón…aunque sea en un sueño. Lo más sincero que un día me escribiste fue un “No quiero estar sintigo” que me derritió el alma.

Me miro otra vez abrazándote en una habitación en penumbra. Afuera llueve, es una tarde triste y mortecina que languidece;  hay un reloj que no se detiene, las horas marcadas, la sentencia fatídica, y yo ahogando el llanto en una almohada. Creí que eras tú quien debía llorar, pero no, he sido yo quien lo hizo finalmente. He aceptado tus palabras y me das un plazo que no se puede cambiar, y siento cómo algo se quiebra dentro de mí; siento cómo me ahogo y trato de encontrar una salida, pero a cada solución, un pretexto tuyo más grande, más poderoso, no me dejaba seguir.
Yo no debí acudir jamás a aquella cita, pero le hice caso al horóscopo, a la borra del café, a las líneas de mis manos llenas de tinta, y ahora me veo aguardando tu llegada en un auto negro. Tu cara de sorpresa… Juras que yo hice un gesto de desagrado; no fue así. No quieres mirarme a los ojos, ruborizada, y yo sentí que volvía a vivir cuando te vi la primera vez. Amanecimos muchas veces juntos, Azurita. Aquel primer beso fue mi perdición y mi locura.
Me miro de pie, junto a la ventana de uno de tantos lugares que conocimos; miraba el amanecer y tú dormías. Te miro mientras duermes plácidamente, acaricio tu cabello, y te digo algo que jamás oyes porque estás dormida…
Luego estás llorando de rabia, tratando zafarte de mis brazos porque no te gustó algo que dije… Era desesperante la muerte a cuentagotas. A veces pienso que solo era un ensayo de la partida definitiva… Nunca quería dejarte ir, nunca quise, y todas esas veces, mi corazón se quebró un poco más. A veces pienso que no te fuiste; que solo me echaste de tu vida.

Ésta es la última vez que te veo y lo supe cuando terminaste de peinarte y abandonaste la habitación. Me fui contigo, pero yo, el que escribe, me quedé ahí, esperando el amanecer del último día del año.  Recogí tus últimas palabras, tu último beso, tu último adiós, el aroma de tu piel, tus miradas; miré mi pecho y vi tu mordida que jamás tocó mi alma…
Te fuiste esa noche, y jamás te volví a  ver. Esa canción sigue sonando en mi voz, pero tu recuerdo, cada día que pasa, se va diluyendo. Tenías prisa por irte, aunque dijiste que esperara. Sé que no me lo decías a mí, porque nunca regresaste.
Todas las disertaciones políticas y tus punto de vistas se fueron contigo, tus ideales y tus propuestas de derecha se las llevó el viento, y yo me quedé, sintigo, y sin mí… Decías que el PRI no ganaría, pero olvidaste que la mentira es lo que impera en este país y ellas siempre se salen con la suya. Yo no tengo postura política, yo no existo; solo soy un observador en esta historia.

Desperté al amanecer sintiendo el cuerpo quebrantado, y tu aroma en mi piel todavía fresco. Te busqué a mi lado, busqué tus sonrisas, tu historia, tus promesas, tus mil y un “” aventurados rebotando en mi mente, y solo estaba yo y todas las ilusiones en una maleta…Todo fue un sueño, y lo supe hoy, al despertar.
Todavía vuelvo la mirada en la soledad de mi cama, y me veo acariciando tu cabello y diciéndote una y otra vez al oído, como una película que se repite infinitamente, mientras duermes: “Azurita de mi alma”.

 

De “Confesiones de Papel” ® Por: D. Clint


Los años sin memoria


Camina mi alma, busca tu recuerdo que corre, se escapa, huye de mí…
Alimento de mi memoria; tú y las lejanas horas de ayer…
Años recordando cuál era la frase mágica para invocarte en mis sueños; no llega, no aparece descifrada…
Bebida de mi dormitar; tú y los viejos abrazos de noviembre…
Todavía puedo cerrar los ojos y sentir tu mirada, aspirar tu aroma, la fragancia de tus palabras y la forma tan dulce y tenue de decir: mañana., con aquella convicción contagiosa que me hizo soñar lo mismo que tú. Todavía sigo soñando.
Pero no llega la imagen nítida que desolada mi alma persigue.
Ataviada de mil colores, de flores sin descubrir, innombrables, te desvaneces en el intento…
Eres un intento por no olvidar, un intento por recordar, un intento por no dejar de ser lo que soy contigo, o lo que fui si hablo de un sueño que a mí me ha parecido más real que mi propia vida., aunque ya te haya olvidado.
Eres el mecanismo que mi alma trata de activar para no morir en soledad, pero ya no tiene la fuerza para hacerlo, no le alcanza la vida, no le alcanza el vigor que otrora poseía..
Te fuiste una tarde como ésta, con el mismo frío y la misma lluvia fija en la ventana tocando una melodía indescifrable en los cristales… tu canción.
Parece que el otoño nunca pasó, se siguieron de largo la primavera y el invierno
¡Ay! Cómo deseo que sea verano y poder correr como cuando niño sin límites, pero sin traspasar las líneas…
Eres el vínculo con mi pasado y no sé si eso sea lo que me tiene enfermo de ayeres…
Ayeres que pesan y que se han amargado con los años; saben simples, pues le falta la sal de tu presencia; no saben… no existen ya.
Memoria imborrable que no recuerda nada,
Estelas de un pasado que ya no existe pero que vive en mí;
Este soy: treinta y tantos años sin memoria que lucha cada día por el pan de las sonrisas, por el agua de tus miradas infinitas
Por el deseo insatisfecho, por lo dulce de tu recuerdo que se ha ido; por lo salado de tu presencia que me ha dejado con sed…
Abrazos de noviembre envejecidos
Horas de ayer que se han ido muy lejos
Años sin memoria
Memoria somnolienta
Sal sin sabor
Otoño perenne…
Y la lluvia sigue hablando de ti,
Siempre habla de ti…
Tú y los viejos besos de aquel noviembre, que nunca llegaron
Pero que yo sigo esperando.
De ” Los años sin memoria”® por: D. Clint

Nostalgia

La noche trae un traje negro con incrustaciones de zirconias que encontró en las ofertas. Se vistió de domingo  y salió a la ciudad a devorársela. Va cantando entre las aceras y no se acuerda que esa canción me entristece, me hace llorar. Su voz retumba: ¡Noche escandalosa!
La lluvia son salivazos  de las palabras viejas que se le atoran entre los dientes a la historia. Se cae el cielo en lágrimas, en la tonada de la melodía que tararea la del vestido negro. Ella no se acuerda que esa canción me duele hasta el alma… Yo le voy a hacer compañía al cielo. ¡El pobre! Creo que ya se olvidó que de tanto repetir una cosa, ésta se hace parte de uno.
He estado repitiendo un nombre como un loco desde hace ya varios días: en el tren, en el auto, en mi cama, en mis sueños, en la oficina… Ahora pienso que estoy hablando de ti y a veces me llamo por tus nombres tan complejos… La lluvia sabe a canciones esta noche; el cielo huele a recuerdos encharcados, pero yo ya no quiero acordarme de agosto… Siempre llovía, siempre se ocultaba el sol cuando el día se emborrachaba y se ponía a decir que el domingo era la suma de todos los días; que si uno vivía bien ese día, no importaba lo que en toda la semana sucedió. Es mentira.
También las noches de lluvia  solían quitarme el sueño y me daba hambre de besos sabor a chocolate… Pero la tristeza se me metía debajo de la almohada y me dormía abrazado a ella para no sentirme solo; el hambre se iba. Pasa que las noches de lluvia –como ésta- son como una enfermedad infinita: cuando era niño creía que en ella Dios lloraba en silencio para que solamente los niños lo oyéramos.
Ahora sé que Dios sí llora, pero por otras razones más serias. Por eso me enfermo de nostalgia, por eso hoy también yo quiero llorar, pero me cuesta trabajo. Antes era fácil llorar  y alguien enjugaba mis lágrimas; me tomaba en sus brazos y yo decía: «Vale la pena llorar», pero entonces era un niño y no comprendía las cosas que les pasa a los adultos cuando lagrimean.
Un día abrí los ojos y era de madrugada; amanecí llorando, amaneció lloviendo, llovía… Ya no era tan agradable, me abracé solo, me escondí en mi bolsa, en mi soledad individual y apagué las luces y los sueños y mastiqué un chicle de indiferencia  para ya no más sufrir.
Ayer desperté lloviendo.
Ayer atardeció llorando y me subí al tren. Ése tren es la corbata del peligro, es la cara de la muerte, la realidad potencial de la des-vida, pero se redime porque pasa por la que por ahora es tu casa; y yo sonrío porque todavía he vivido para verla de lejos.
Ayer atardecí pensando en ti; ayer me vestí de viento  y te acaricié el rostro, solitaria de mis sueños; ayer volé entre tus brazos y me comí tus labios de granada con miradas de arrobo y estupor; ayer me bebí tu corazón y me escurría chocolate de los labios… Tu vientre me regaló una rosa y la puse en el florero de mis esperanzas y preocupaciones ¡Qué hermosa se veía! Y comencé a llorarle para que no se marchitara… Es muy fácil cortar las rosas.
Antes decía: «es muy fácil llorar», hoy es difícil decir  que nada es fácil; es difícil decirme  que todo es difícil porque treinta y tantos años de lágrimas  me saben a noche luctuosa, a canciones de lluvia, a trenes sin rumbo, a sonrisas sin sentido, a poesía sin rima, a dolor sin planchar… En unas horas se definió mi destino y a mí ni me avisaron.
Salí a la tienda a comprarme un chicle de olvido y me dijo el tendero que se acabaron  hace diez años; entonces caí en la cuenta de mi condición de solitario, que no tengo familia a la mano, que todavía puedo llorar  y que hoy son seis días desde que se fue mi madre al extranjero…
Esta noche un tipo me miró con ojos de «te quiero»  y entonces me miré al espejo  y me lo dije audiblemente: me llamé por tus nombres complejos y variables según la temperatura de nuestra ciudad, y me puse a pensar en el cielo ¡Cómo quería que fuera domingo! ¡Cómo quería llorar y no pude!
La lluvia es una canción inconclusa que se canta por partes, pero que nadie puede aprender… La noche sabe a llanto, sabe a jueves 19 de agosto; es el otro lado del péndulo, la parte oscura de la Tierra cuando el sol está al otro lado; es el valle, la oscuridad, el lado frío del aliento; es la otra pierna  de mi vida que no puedo mutilarme, pues prefiero andar con las dos, aunque no se vea simétrico.
Ayer miré mis zapatos y pensé en mis niños -los que tuve y los que pude tener-; se me fue el hambre de las madrugadas a solas, y dejé de preocuparme por la apariencia de mi cabello al peinar. Pues tengo todo y no tengo nada… Ayer me dio tristeza  esta ciudad y me quedé callado entre los brazos de tu recuerdo borroso  que sonreía como campanitas y tu corazón se volvió un foco caliente y nervioso…
¡Ayer te veías tan bonita!
Por eso te digo esta noche que el cielo huele a recuerdos. Es posible que Dios haya tirado una piedra y todos los peces se revolvieron en la memoria; pececitos de mil colores. Ahora
debo esperar a que se queden quietos otra vez.
Esta es la incurable y mortal enfermedad de la lluvia: recuerdos complicados  con noche; intoxicación de dolor con lágrimas concentradas de ganas de olvidar… Es la piedra que afila el cuchillo que traigo clavado en la garganta; por eso todos dicen que ahora me veo viejo: es porque ando enfermo de nostalgia y se me nota en los ojos. Es por eso que me pongo a devorar libros y libros ¿lo has notado? Es que quiero llenarme la cabeza de palabras e historias que nada tengan que ver conmigo, pero siempre me olvido de lo que leí cuando levanto la vista y sigues en mis pupilas como una varita que se me pegó con el viento y me saca las lágrimas.
Hacía mucho tiempo que no escribía con mi mano… Como siempre, esta pluma y las hojas me saben al café que me estoy bebiendo a sorbos: estoy escribiendo lo que me trago mientras espero a  que pase la lluvia y que den las tres de la madrugada.
Hace frío: es la noche que se escapa en suspiros por tanto llanto. Seguramente se apagó una estrella o un niño dejó de jugar.
Esta es la nostalgia que, por hoy, se ha vestido de ti. Creo que traía muchas palabras atoradas aquí adentro, y hoy era necesario que me detuviera a sacarlas. Eran como una piedrita en el zapato, como un piquete de zancudo en la espalda; como un barrito en la frente; la gente siempre se da cuenta y pregunta “¿Qué te ha sucedido? ¿Estás bien?”, Estoy bien, sólo quiero que me dejen solo, no pretendo  consuelo, sólo quiero beber mi café y escribir. No tengo otra cosa que hacer. Eso no evita que la gente me mire, quiero decir que la tristeza es una camisa de color llamativo, pero
que además se ve ridícula con una corbata de sonrisas.
Te voy a ver cuando amanezca, florecita escondida, ramillete de mariposas cortadas en verano, y entonces voy a sonreír de verdad y voy a derretir mi mirada en tus ojos y te voy a
decir que te quiero, que te extrañé toda la vida  y te voy a llevar a mi casa a ocupar mi espacio, a jugar ajedrez; a decirnos cosas sin hablar, pensando, soñando, sonriendo, sin tocar, sin respirar, sin oír, sin gustar…
Ya se me están cerrando los ojos, y le pido a mi mano que deje de escribir; que descanse un rato, que respire, que seque el llanto y se sonría… Me ha dibujado un muñequito  enseñando la lengua, unos ojos grandes y un churrito en la cabeza… Me hizo recordar a mi hija y le arrebaté la pluma ¡Mano ciega sin ojos! Para que llore sin lágrimas como yo lo hice cuando fui a ver a mis niños –lo que tuve y los que pude tener-,  la última vez… Los miré mientras se alejaban  sin hablarme, sin voltear, como si yo no existiera, como si todo lo que necesitaran y quisieran, fuese a su mamá… No hubo lágrimas porque tengo un agujero en el corazón y las lágrimas  ahora se me van directo al estómago. Por eso se me fue el hambre en varios días, no porque esté deprimido.
Cada uno es un trozo de cielo; también uno llueve cuando las nubes de tormenta se hinchan de dolor  en el alma; también uno canta en las aceras de los subterfugios  creyendo que es domingo y comenzamos a morir.
Mañana te voy a ver, florecita escondida en tu propia panza; mañana, pedazo de cielo imaginario, subjuntivo; campanita sonriente, corazón de uva… Mañana, que en realidad ya es hoy.
Te firmo mi poema con un beso, soledad sin compañía.
Te sello con mis besos la espalda, nostalgia arrepentida, las piernas, el ombligo y cierro los ojos preocupado, pero sonrío porque eres mía y yo te pertenezco desde que era un pequeño sin sueños… Ahora dejaré de llorar porque, como este cielo vestido de noche, yo sé también que la canción del llanto se aprende cuando  uno se des-nace al morir.
¿Y qué es morir? Tal vez, como se ha dicho antes, vivir como yo vivo.

De “Memorias de Un soñador” ® Por: D. Clint

Abstracción

SADGIRLLeo el periódico y veo la televisión sin ningún asombro; escucho la radio, toco la guitarra, pero siempre me acuerdo, estoy pensando en la preocupación de mi niña y eso me tiene el corazón atenazado.

Son de esas cosas que de pronto te cambian la vida y no sabes cuándo comenzó a moverse el mundo.

Como mi sopa, la pruebo, pero sólo lo hago por hacer; las letras que en ella nadan me dicen “No te engañes,no tienes hambre” y es verdad. Sólo lo hago porque es una tradición milenaria y porque me choca ese dolor  que me viene a la panza cuando no he comido.
Pero en realidad sólo estoy pensando en mi niña que está triste y eso me duele; tiene un problema adentro, en el corazón y yo no puedo ayudarla. Ojalá pudiera meter mi mano, taparle los agujeros en el alma; pedir a Dios que me de la mitad de su dolor, si no, todo; compartir con ella su llanto, mitad y mitad, porque ella es una mitad mía, si no, toda mi alma y corazón enteros.
Me preocupa que se me vaya a deshidratar de llanto; no me gusta verla así, aunque esté menos herida que un niño irakí, pero igual de angustiada, pero igual de adolorida… una niña no debería cargar con este dolor nunca, y a veces me parece que no es suficiente que tenga a alguien que le ama con toda su alma; a mí.
Hoy me di cuenta que el perro mordió mis tenis, los únicos que tenía, y no supe si eso era menos grave que lo que le duele a mi niña porque, aunque lo intuyo, no puedo dimensionar su dolor.
Ya no quisiera pensar en su cara de galleta mojada en leche, pero hasta al hacer el café me acuerdo de las medidas que ella utiliza al intentar prepararlo…dice que la cafetera lo hace todo
Es una niña, pero su problema no se soluciona con un dulce, ni sus lágrimas se enjugan con un peluche…Para ella, esto es como haber salido del sopor de los sueños y las ilusiones y haber sido recibida a la realidad con una fuerte bofetada; un nuevo nacimiento, pero doloroso.
Es más que llanto lo que ella vierte de sus ojos: es dolor lleno de sal, es la vida que se le escapa; está desesperada, y creo que esto es para ella  peor que la guerra.
Esta noche le abracé un rato y le dije que todo está bien; sé que no me creyó, pero al menos en ese instante estuvo segura que me tiene a su lado para apoyarla.
La televisión no habla de ella, los periódicos se olvidaron de anunciarle que algunos problemas se solucionan con el tiempo y la radio no le consuela con sus canciones sin sentido… Mi guitarra se ha quedado en silencio porque lo único que podría producir esta noche, sería el sonido de su llanto acompañado con el perenne caer de la lluvia sobre la ventana.
Mañana será otro día, y a cada día su afán, pero hubiese deseado que este día nunca hubiese llegado, y saltárnoslo juntos hasta el momento en que riamos felices por lo que nunca sucedió. Sólo se me ocurre darle suero para que no se me deshidrate en llanto, abrazarle y dormirnos abrazados hasta que se olvide de lo que ha sucedido hoy.


De “Memorias de un soñador” ® Por: D. Clint


Piedras Danzantes

Hoy me encontré perdido en una calle de piedras danzantes, en esta terrible ciudad que me abrazó con su historia y sus murmullos vagos de miedo y humo, cuyos besos mudos y cabizbajos, ensombrecieron mis latidos…

Anduve solitario, vagabundo, en busca de los sueños que perdí.
 Hoy, tanta vehemencia en las sonrisas apagadas, sucumbió ante la ruidosa melodía de las carcajadas, de las bulliciosas calles que me recordaron tus noches silenciosas y  la tierna forma de mirar cuando decías que la vida era bonita…
Y sí que lo es, pero cerca el uno del otro; porque separados es como estar muertos, como habernos sólo soñado,  yo ya estoy fastidiado de soñar contigo desde hace tantos años y de plano no verte, no encontrarte.

 Hoy descubrí tu silueta en mi sombra y me acordé de tu forma de reír tan espontánea y de la manera en que lloraste aquel día que me fui.
Es que las piedras describen nuestra historia en su danza y no me dejan olvidar.
Piedras danzantes de esta calle en que te vi la primera vez, en que te vi la última vez… en que soñé  que por casualidad podría tal vez, otra vez encontrarte

De “Memorias de un Soñador” ® Por: D. Clint.

Anoche

Anoche…aún lo recuerdo como un presente continuo. Anoche, y tus ojos en la penumbra. Dijiste mil cosas en idioma de besos, que yo interpreté con mis labios. Anoche, tú y aquellas horas infinitas; un despertar a un sueño distinto, con otros colores y olor a hierbas…tu cabello enredado en mis dedos, mis besos en tus mejillas, en tu frente y tus ojos en la penumbra… Anoche yo no creí que existiera el amor, pero me convenciste sin decirlo…Te esperé con gusto, mis calambres me avisaron un cansancio que yo desdeñé gustoso. Tú envolviste todo el aire de magia, y lo transformaste en tu aliento… el aroma de tu piel se expandió por la habitación y mil historias se fueron construyendo en mi imaginación. Tus labios mordiendo los míos anunciaban un final de cuento; una historia mágica llena de mil colores en la oscuridad…en la penumbra, y tus ojos. Cerré los míos y abrí los de mis manos…en realidad escribí poemas sobre tu piel; estrellas en tu espalda, las conté todas; puedo decirte lo que dice las palmas de tus manos enlazadas a las mías. Y mis piernas y las tuyas, tus brazos, tus abrazos y tu voz… tu calor, tu cuerpo febril y las ganas contenidas que se escapaba por los poros.
Anoche…aún lo recuerdo como si estuviera presente, como si el pasado no quisiera arrasarlo, porque siempre estará ahí, bailando en mi memoria; no fue una noche cualquiera, tú la hiciste especial.
Un torbellino de suspiros arrasando mis historias tristes; concentrada en deshacer los nudos de mi alma, los nudos de mi espíritu, te apoderaste de los hilos de mi vida, y entrelazaste nuestros destinos…Y yo ni siquiera lo soñaba; que tus ojos se posaran en mí…yo ni siquiera sabía que un día de estos aparecerías. Si lo hubiera planeado…por Dios, fue Dios, no yo; yo qué diablos puedo hacer para que me quieras así. Mi mundo oscuro, yo sentado esperando un amanecer que nunca llegaba y fuiste como un resplandor repentino que alumbró mi mundo sin avisar; un relámpago que me mostró el camino, una luz tibia en donde recostarme como anoche…entre tus brazos, besado por ti, tocado por ti, amado por ti…borrando todas esas historias, diluyendo mi dolor…sanando mis heridas, levantándome de donde estaba para volver a sonreír…y sonreímos juntos. Ojalá hubiese durado mil y una noches…seríamos la historia sin fin, despertar en sueños cíclicos, despertar muchas vidas, amanecer entre amaneceres bañados con la luz de tus ojos y yo cayendo en la cuenta de que, hasta anoche, sin conocerte, siempre estuve dormido.

De “Memorias de un soñador” ® Por: D. Clint


Rosario (Primera parte)

La vi a la entrada de la iglesia cuando cayó la tarde. El cielo apenas iluminado por unos rayos mortecinos de luz. Yo fumaba recargado en un árbol que estaba justo en el parque de enfrente. No había ido a confesarse, de eso estoy seguro, porque consultaba desesperada el reloj, y movía la pierna derecha en señal de nerviosismo; su largo cabello oscuro caía brillante sobre su espalda. Tengo la capacidad de alargar un minuto por horas, así que estuve horas contemplándola, admirando cada línea de su perfecto cuerpo, envuelto en ese vestido negro de satén, apenas a las rodillas, que no estaba muy ajustado, pero sus formas lo hacían ver así.Su vientre plano, sus pechos pequeños, sus piernas bien torneadas y unas zapatillas que hacían lucir sus muslos lascivamente.Lo más embelesante de esa imagen que yo preferí eterna, eran sus labios perfectos a contra luz y sus ojos cafés que me contaron historias infinitas.No podía leer su mente, a lo mucho intuirla… pronto se cansaría de esperar.
Traté de dejar un mensaje en su mente… ella volteó inexplicablemente hacia donde yo estaba. El humo del cigarro hizo una cortina que ocultó por segundos mi mirada. Volvió a consultar su reloj por enésima y última vez, dio un golpe con su pie en el suelo y caminó hacia mí… no, hacia el parque. Sus ojos arrasados en lágrimas iban diluyendo la última historia de su corazón. Se sentó en una banca cercana y no lo pensé dos veces, me acerqué sigilosamente hacia donde estaba; también tenía la capacidad de no ser percibido pero ella me sintió venir. Volteó despreocupadamente, su rimel corriéndose bajo sus ojos, no le importó… me miró como tratando de reconocerme, un poco perpleja, y a la vez un poco enrabiada. Se levantó de un salto y me tiró una bofetada que pude, pero no quise atajar. Dejé que me golpeara mientras me gritaba “¿Qué diablos te has creído haciéndome esperar tantos años?” y rompió en un llanto inconsolable que hacía siglos no escuchaba “¿Acaso no sabes todo lo que he pasado todo este tiempo…?”. La abracé y apenas le susurré al oído:
-No podía morir en la vida pasada… ¿cómo alcanzarte así? Después perdí el camino. Las cosas ya no son como antes. Uno ya no muere cuando quiere y sabes que si…
-Ni lo menciones. Entiendo… Estaba tan desesperada, incluso creí que jamás te vería de nuevo.
Se apartó de mí un momento y me dijo con esa voz que yo recordaba nítidamente y que muchas veces me desesperaba no volver a oír: “Bésame ya”
Me acerqué a ella, sus ojos brillaban. Sus pupilas dilatadas me indicaron que deseaba aquel beso…sus labios se abrieron…mordí su cuello. Cuando sintió mis dientes,me apretó fuerte contra su cuerpo.Aquel beso era un vínculo más fuerte;nuestras almas estaban unidas desde antes y hoy nos reencontrábamos. La noche había caído de súbito. Nos seguimos besando mientras caminábamos  abrazados, dejando que la luna llenara nuestros cuerpos de ansiedad.
Ella estaba en la cama, desnuda, impoluta, perfecta… Su cuerpo aguardando por mí, su alma se revolvía en ella nerviosa, queriendo salirse para reencontrarse con la mía. Tantos nombres en el pasado, tantas formas, pero su mirada inconfundible era la marca secreta con que yo le reconocería en cualquier tiempo de esta eternidad…. 
-Cuando estaba lejos de ti, te recordaba de mil formas, pero tu mirada seguía despertándome en las madrugadas -le dije con mi pensamiento y ella sonrió. Me traspasó con sus ojos, leyó en la palma de mi corazón que decía la verdad. 

-Ya no quiero padecer este sufrimiento de perderte cada vida…
-Y yo no puedo olvidar la primera vez que nos encontramos…la poderosa fuerza con que me miraste y desde entonces ya no te pude sacar de mi mente. No temas, siempre te encontraré.
De fondo sonaba esa canción ” NADA”de Zoe con Bunbury que tanto le gustaba “Rimel de miel pa´ corregir la tristeza…” y yo la abracé contra mí, sentí la tibieza de su piel, ahora tan humana por un poco más… Sus besos me contaron a solas otra historia, un nombre extraño, unos ojos distintos, otra historia mientras no estuve y ella comprendió que yo lo sabía.
Trato de explicarme “Tardabas tanto que me confundí entre si aquello había sido solo un sueño… me olvidé de la memoria colectiva, y me hice más humana. Pero ahora ya no importa… has llegado y nos encontramos otra vez.”
Cómo culparla; quizá yo hubiese hecho lo mismo.Pero la culpé…
Acomodó su largo cabello sobre la almohada, me miró como sólo ella sabe hacerlo y me dijo: si esto es un sueño,no me despiertes nunca. Esa noche me quedé escribiendo futuros que nadie puede entender, mucho menos tú que estás en medio de ellos. Y entonces, soñé con su cuerpo unido al mío de la forma que ningún humano puede unirse a otro, y descubrí constelaciones en su espalda, mensajes secretos, la runa perdida de su nombre antiguo…
A distancia de un beso oí su corazón latir en ocultos mensajes que no entendía… “mirada seductora”,dijiste,y te aparté con mis manos. Quería despertar, y cada vez que lo hacía, era solo para reencontrarme con su mirada, su largo cabello  sobre la almohada mientras me decía: “Si esto es un sueño, no me despiertes nunca“.

-Soy médico cirujano -me confesó-, y estoy …comprometida…Tengo treinta años.
Mis ojos se aguaron sin saber por qué… ¿cómo pasó tanto tiempo? Mientras yo escuchaba los llantos de un niño en la lejanía.Treinta años…treinta años… eso no es nada comparado con los siglos que hemos estado juntos, quise decirle, pero preferí callar. Su piel aún estaba tibia…el sol estaba a punto de estallar en el horizonte.
Volví a despertar y nuevamente estaba a mi lado, recostada, desnuda, blanca, hermosa…
Antes que el sueño se repitiera con todo y confesiones, supuse que ya lo sabíamos ambos, y entonces continué la charla. 
-¿Entonces no eres a quien yo busco en este mundo?
Se sentó rápidamente en la cama, me fulminó con la mirada, sus ojos cafés se tornaron rojos…y me dijo suplicante:
-Mírame…mira mis ojos, no puedes decir que no soy yo. Siente mi sangre, estoy a la espera de que se detengan mis latidos y se enfríe mi cuerpo ¿y tú te preguntas si no soy a quien buscas?
Ya había caído antes en otras trampas…en otros tiempos.
 Me levanté y ella vio el tatuaje en mi espalda…se acercó a mí y me abrazó por detrás…
-No te vayas…, por favor. No podría soportar esta vida sin ti…Bésame otra vez.
-Y yo… no puedo soportar sentir ese corazón ajenoque no he podido borrar en tantas noches…
-¿Entonces…? – escuché su voz cortada en angustia. esperaba la conclusión de mis palabras-
-Entonces te veré en la siguiente vida…ésta ha sido un error; estás…no eres- mi voz se quebró al final.
La abracé contra mi pecho, acariciando su cabello olor a uvas, sintiendo su piel apenas fría. Su corazón latía lentamente…sus ojos arrasados en lágrimas, su pecho agitado. Sabía que era una despedida sin remedio.
Como pudo, articuló unas palabras más con voz ronca por el llanto…
– ¿Sabes que me duele  mortalmente cada vez que me despido de ti…? Te lo he dicho mil veces.- Y rompió nuevamente a llorar. La abracé hasta que terminara. Se secó en lágrimas, su pecho no latía más.
Ella no me lo dijo, pero yo sabía que se llama Rosario…Rosario la niña de 30 años, del cabello largo y una sonrisa encantadora. y me gustó su nombre, que grabé en mi memoria con fuego.
Y la oscuridad se vino de golpe sobre mis ojos. No sé cuánto tiempo pasó. Cuando desperté fumaba un cigarrillo en un parque extraño frente a una iglesia. Aguardaba la llegada de mi ángel…otra vez.


A Rosario, de “Memorias de un soñador”® Por D. Clint